martes, 8 de septiembre de 2015

Signos de Puntuación I (Introducción y el punto)

¡Buenas noches! Dedicaremos un espacio importante en el blog a las pautas de escritura. En este caso, hacemos estrega del módulo de Signos de Puntuación que extraje del sitio: http://reglas-escritura.blogspot.com.ar/. Las entregas van a ser periódicas y sobre temas tratados en clase. Las que se publican son de uso obligatorio, puesto que lo hemos visto en clase. De todas formas, aquellos que quieran ampliar sus universos no tienen más que clickear en el link anterior y chusmear a discreción. Espero que les resulte ameno. Espero sus comentarios. 

En esta entrada, así como las siguientes, dedicadas al resto de signos de puntuación, se describirán muy brevemente y de forma condensada y esquemática los usos de los signos de puntuación.


Se trata de una pautas muy simples y básicas, dirigidas a dudas iniciales y fijar el concepto. Que nadie espera un alto nivel, pues existen incluso libros enteramente dedicados a la puntuación.

Antes de comenzar, dado que es una característica común, destacar que punto y final, punto y aparte, punto y seguido, coma, punto y coma, dos puntos, puntos suspensivos, cierre de exclamación y cierre de interrogación van a continuación de la última letra de la palabra anterior, sin espacios. Del mismo modo, en los que la línea continúa, se deja un espacio entre el signo de puntuación y la siguiente palabra.

Después de esta coma, hay un espacio. La coma va pegada a la última letra de la palabra, como en esta frase.

O Así no se escribe ,está mal colocada.


Punto y final “.”


Indica que el apartado, capítulo o la propia obra han terminado. No es necesario extenderse más ni ilustrar con ejemplos.


Punto y aparte “.”


El uso de los signos de puntuación no es estricto y se presta a variaciones según el estilo, el contexto o el tipo de obra o documento.  El caso del punto y aparte es una buena muestra de ello, pues, aunque se pueda definir su uso, suele estar sujeto a la interpretación o intención de quien está escribiendo.

Se usa el punto y aparte para indicar el final de un párrafo, terminando también la línea en la que estamos escribiendo.

Normalmente, se considerará el final del párrafo cuando vaya a cambiar la idea que se está expresando, cuando el texto se divide en unidades lógicas de cualquier tipo, cuando termina una entrada de diálogo o cuando creemos que el párrafo es demasiado extenso y, aunque no se trate de un cambio drástico que requiera el punto y aparte, consideremos que puede aburrir al lector o hacerle perder el interés por lo escrito (¿quién no ha dejado de leer una interminable entrada de un foro o un denso correo electrónico porque eran un solo párrafo de decenas de líneas, sin ningún punto y aparte?).

Una excepción es el uso de listas, en el que está permitido no terminar cada entrada en punto, por ejemplo:

Lista de artículos:     
  •  Patatas
  •  Huevos
  • Leche
  •  Etc.
La primera palabra del siguiente párrafo, después del punto y aparte, comienza siempre en mayúscula.


Punto y seguido “.”


Dentro de un mismo párrafo, se usará el punto y seguido cuando, sin cambiar la idea central o lo que se quiere expresar, cambiamos de enunciados. En este caso, también se dispone de cierta flexibilidad para adaptarlo a nuestro gusto, estilo o tipo de escrito.

Después del punto y seguido, la siguiente palabra comienza en mayúsculas.

Una excepción es la del uso de abreviaturas, en las que el punto se usa como parte de la palabra en sí, no teniendo que comenzar por mayúscula la siguiente palabra e incluso pudiendo llevar a continuación el signo de puntuación que corresponda:

Trajo lápices, folios, sacapuntas, etc., pero olvidó la carpeta.

Se busca experto en admon. de empresas. Razón calle Velázquez, 5 escalera izda., piso 2º C.

Las sutilezas del lenguaje...


Alguna vez te pusiste a pensar si la escritura es igual que la oralidad. ¿Cómo creés que se establecen los puntos de puntación? ¿Hay alguna correspondencia entre la oralidad y la escritura, o realmente no hay ninguna? ¿Se escribe cómo se habla?

Nos estábamos preguntando por la oralidad, pero: ¿qué es la oralidad? Básicamente la oralidad es el lenguaje dicho, expresado mediante la voz. La oralidad tiene que ver con procesos de ondas, cuando hablamos producimos sonidos que se traducen en el lenguaje, el cual tiene un código compartido pero no siempre correspondido. Al hablar, nuestras cuerdas vocales producen un sonido, cuyas inflexiones dependen de cada una de las lenguas. ¿Pensaste alguna vez en ello? Fijate cuando vayas al supermercado chino a comprar algo. Escuchá los sonidos de su lenguaje, establecé las diferencias. Es un ejercicio divertido y clarificador a la vez.

Decíamos que la oralidad no tiene puntuación, al menos no gráfica. Cuando uno habla no se van dibujando los signos en el aire y, sin embargo, nos entendemos. En el lenguaje escrito la existencia de la puntuación es esencial: de otro modo no nos entenderíamos. Pero en la oralidad no existen estos puntos, sin embargo, como he dicho, nos entendemos. ¿Entonces cómo es posible? Si te pusiste a analizar notarás que cuando uno habla imparte silencios, pausas, tonos diferenciados; es decir, uno habla como componiendo música. El hablar es muy similar a desarrollar música. Y, por ende, en la oralidad hablamos de un ritmo. El ritmo es esencial y es propio en cada lengua. No son los mismos los tonos y los ritmos en la lengua castellana que en la lengua japonesa. Cada una expresa sus diferencias. Ese es el primer punto. O sea que podremos decir que existen y no existen las puntuaciones, al menos no similares al lenguaje escrito. Ya que en este último opera el campo visual; la vista. Cuando uno escribe está llenando espacios. Las palabras ocupan un espacio que, en principio, siempre está en blanco. Y al hacerlo se escribe mediante normas, principios.

En fin, y para ir cerrando este extracto. Diremos que la lengua escrita no es lo mismo que el lenguaje oral, pero tiene sus correspondencias. Ahora que sabés de la existencia del ritmo y las puntuaciones, vamos a pactar lo siguiente.
Comenzamos nuestro cuadernillo señalando una diferencia entre la Lengua y la Literatura que metafóricamente expresábamos en los dos hemisferios del cerebro. Lo que quiero que quede bien es claro es, en un principio, debemos ser bien normativos, aprender los usos y reglas del lenguaje para luego tener la habilidad de romperlas. Quien aprende la lengua adquiere poder y la capacidad de romper sus reglas. De esta forma vamos a dejarles un extracto de un escritor portugués famosísimo: José Saramago, quien es muy polémico dado que en sus novelas suele romper las reglas ortográficas que conocemos. Está en contra de la convención, pero no lo manifiesta sólo desde su rebeldía, sino más bien desde una importantísima e interesante teoría:

Por qué sin signos de puntuación – José Saramago

La verdad es que quien se enfrenta con un libro mío, en especial con las novelas, se encuentra en una situación un poco complicada porque yo eliminé toda puntuación. Incluso cuando aparece un punto o una coma, no son señales de puntuación sino son señales de pausa al igual que en la música. Pienso, por lo menos yo lo tengo claro (aunque tampoco quiero que todo el mundo piense igual), pienso que nosotros hablamos como si estuviéramos haciendo música porque la música y la palabra, el hecho de hablar, se hace con sonidos y con pausas. La música más espiritual o la música de peor calidad tiene pausas y sonidos. Cuando yo elimino, prácticamente, toda la puntuación busco que el lector no lea pasivamente sino que construya el texto, gracias a esa voz que debe estar escuchando. Yo propongo al lector un texto incompleto. Aunque todas las palabras que yo quiero se encuentran allí, el texto está incompleto porque le falta esa convención que son los signos de puntuación. El lector cuando lee, debe saber qué está leyendo para recibir todo lo que hay en el texto. Aunque, a primera vista parezca oculto, está allí, si él puede escuchar la voz que habla dentro de su cabeza. El escritor igual que el pintor o el músico, va borrando los rastros que dejó; razón por la que el lector tendrá que abrir una ruta, una huella que jamás coincidirá con la del escritor. Serán otras dudas, otras pausas, otras hipótesis. 

A modo de prólogo, una introducción


¡Enhorabuena! Tenés en tus manos el cuadernillo de apuntes de Lengua y Literatura.  Básicamente se trata de un material de estudio para que puedas ordenar, los contenidos sucesivos que fuimos viendo en clase a fin de aunar criterios e ir construyendo bases sólidas sobre las que vamos a ir edificando el castillo del conocimiento.

Si te acordás, arrancamos esta materia con una metáfora. Dijimos que teníamos la existencia de una materia que se compone de dos palabras: “Lengua” y “Literatura”. Dijimos, también, que podíamos establecer un juego, por una parte, pensar a modo de encapsulado a la “lengua” y, por el otro, a la “literatura”. Pensar en una y en otra implicaba someterse a una trama de sentidos diferenciados. ¿Te acordás?
 Si no recordás, te lo recuerdo. Habíamos trazado una analogía entre la disposición de dos palabras (lengua y literatura) y la división interna de un cerebro humano. Habíamos mencionado que el cerebro del ser humano se compone de dos hemisferios: izquierdo y derecho, respectivamente. El hemisferio izquierdo es el encargado de las estructuras analíticas de tu mente, es el que categoriza y estructura el lenguaje. Parafraseando la imagen, podemos leer lo siguiente:

“Soy el lado izquierdo del cerebro. Soy científico, matemático.
Amo lo familiar. Categorizo, analizo y soy estratégico.
Soy práctico. Siempre estoy en control.
Un maestro de las palabras y del lenguaje. Realista.
Sí, realmente sé quien soy.”

Para esa parte del cerebro habíamos establecido la correspondencia en la Lengua. ¿Por qué la lengua? Porque nosotros vamos a estudiar mediante el primer eje, Lengua, todo lo relativo a la estructuración del lenguaje. Todo lo referente a su parte normativa, a su esquema sintáctico, semántico y pragmático. Todo lo que es reglado mediante normas que debemos aprender bien a raja tabla. Dado que de otra forma no nos entenderíamos.
En cambio, del otro lado, tenemos el hemisferio derecho del cerebro. Seguramente la imagen que tengas en tus manos está en escala de grises, así que no notarás grandes diferencias de color entre las figuras. Pero la imagen original es bien vivaz. En oposición a un lado sombrío, en escala de grises, se opone una imagen con colores muy fuertes y llamativos. Asimismo, los trazos son más artísticos, porque esta parte del cerebro lo amerita, a modo de parafraseo, decimos:

Soy el lado derecho del cerebro. Soy creativo. Un espíritu libre.
Soy apasionado y sensual. Estoy en movimiento, lleno de colores vivos.
Soy imaginativo, artístico, poeta.
Siento…
Estoy siempre queriendo ser…”

Con este lado del cerebro establecíamos correspondencia con la literatura. Es decir, con el segundo eje de la materia. ¿Y por qué lo hacíamos? Dijimos que establecíamos esta relación porque en la literatura aprendemos a romper reglas. O sea, aprendemos, en primera instancia, a aprender y a aprehender. Sus reglas, sus usos y las verdaderas virtudes del hablar bien el castellano; para luego, desplegar toda nuestra capacidad lúdica cuando se nos interpele a jugar. ¿Por qué? Porque en la literatura se nos llama a romper lo establecido. Se nos llama a que rompamos aquello que con tanto esfuerzo hemos aprendido. Se nos llama a variar las inflexiones, a recorrer los vericuetos del lenguaje en una búsqueda voraz que tiene su ápice en la creatividad.  Se nos llama a ser artísticos, creativos. Pero ojo, hay una salvedad en este juego constante de ida y vuelta: Aprender para “romper”. Estructurar para desestructurar. Construir para deconstruir. Y la cuestión es que debemos saber perfectamente las reglas si es que queremos romperlas. Habíamos usado el ejemplo del conductor que debe aprender a la perfección a manejar si quiere pasar un semáforo en rojo sin atropellar a nadie y sin que lo multen. Quien rompe reglas, es porque ha sabido usarlas con excelencia. Ese es el primer desafío de la materia: aprender a lograr el dinamismo que nos haga ir de un lado al otro. ¿Estás dispuesto/a? ¿Seguro/a?
Si es que lo estás, para ello (ante todo), debés saber que hay que ser osados. Necesitamos ser osados en la práctica de aprendizaje. Para aprender hay que jugárselas y jugárnosla significa que debemos exponernos. Exponernos ante el error, ante la eventual crítica; exponernos, ante todo, a la mirada del otro. Porque es ésta, con su juicio callado y furtivo, la que nos aprueba y desaprueba en cada momento. Suelo  decir que en esta materia, mientras estemos del lado izquierdo, incurriremos en el juicio sobre el error. Marcaremos defectos, imperfecciones; pues todo en el sistema lingüístico tiende a ser perfecto.  Y como todo sistema, pretende que sus variables cierren, que se concatenen, que confluyan en una coherencia y, por ende, debemos respetarla. No obstante, he dicho que mientras estemos jugando en el nivel derecho todo es permitido. Todo lo que implique un juego con el lenguaje. Así que hableremos como no solemos hacerlo. Diremos cosas que quizás nunca antes hayamos dicho. Usaremos palabras poco usuales y  jugaremos con el sentido. Puesto que, de esta forma, presentaremos finalmente al primer eje de la materia y lo que compone el mágico mundo del binomio de la Lengua y la Literatura.