domingo, 22 de mayo de 2016

TRABAJO DE MITAD DE CUATRIMESTRE (con nota): La no ficción en la crónica periodística

Consigna:

A modo de trabajo práctico se pide la redacción de una crónica periodística de no ficciónEl trabajo se evalúa, es decir, va con nota.
 Para ello, pueden hacerlo de manera individual o en grupos, de hasta 2 (cuatro) personas. La temática de la crónica debe abordar un hecho de interés para el barrio, ya sea: un suceso de gran impacto y repercusión en las generaciones que constituyen (y constituyeron el barrio), un hito histórico que aconteció en él y/o un mito que se comente de manera seguida. Cualquiera de las opciones que se elija, debe ser sí o sí de interés barrial. Por ejemplo, tal como se dijo en clase, se exponen una suerte de opciones, que pueden ser tomadas o bien de ayuda como disparadores:

Villa Adelina: La historia de la calle Paraná, Pizzería Bari, la Clínica Independencia, el tren Belgrano como fundador del pueblo, La Torre de Ader, La Farmacia del Pueblo, Alcoyana, el Boticario de Villa Adelina (sobre la calle Soldado de Malvinas), Cochería Paraná (Péculo, personaje siniestro si los hay), etc.
Carapachay: El cine Luxor, historia de la línea 333 o 19, el primer Supermercado Norte (hoy Carrefour), la Sociedad de Fomento Drysdale, Atanor, el Banco Provincia, etc.
Munro: Pizzería Astral, Centro Cultural Munro (ex cine), Estudios Cinematográficos Lumitón, la Av. Mitre y su centro comercial, etc.
Boulogne: Los talleres ferroviarios, el Barrio Obrero, el Arsenal 601, la 707, etc.

Formas y estilos:

La crónica debe ser escrita en primera personaDebe contar con una entrevista real (como mínimo, tres máximo) que deben realizarle a alguna persona representativa de aquello que elijan mostrar. Debe ser entregada en formato word, fuente times new roman, número 12; o mano alzada perfectamente legible, y debe contar con un mínimo de dos carillas completas (sin excepción). Para su redacción, deben tomar en cuenta estrategias sugeridas por Wolfe en lo que se llamó Nuevo Periodismo y que sintetizamos en las siguientes cuestiones:

a) Punto de vista de la primera persona: en este recurso el narrador es visible, presentando al lector cada escena a través de su mirada del personaje, mostrando sus particularidades y sensaciones.
b) Construcción escena por escena: se pretende realizar una reconstrucción del escenario de la historia, describiendo las acciones y caracterizando a los personajes.
c) Diálogo realista: en las citas textuales se incluyen modismos y jergas utilizados por el personaje en cuestión, con el fin de retratarlo de una manera más íntima.
d) Descripción significativa: en este punto se contemplan aspectos vinculados al entorno más cercano al personaje: miradas, hábitos, gestos, formas de vestir, comportamiento y modos de interacción: detalles simbólicos que permitían ilustrar el marco de cada escena.



Pautas:

Les recomiendo leer los ejemplos de las crónicas publicadas con anterioridad y sepan que estoy en todo momento para acompañarlos y asesorarlos. La clase próxima socializaré mi correo a cada uno de los referentes de cada grupo o a los ávidos escritores solitarios, a fin de que podamos establecer contacto y disipar posibles inconvenientes y/o dudas.
Sean creativos, promuevan su espíritu investigador, manifiesten la mejor honestidad intelectual y nunca dejen de divertirse y, sobre todo, disfrutar con el corazón de lo que hacen.
¡A trabajar!






La crónica periodística

Les dejo, a modo de ejemplo y para que observen su modo de redacción, distintas crónicas que fuimos trabajando en clase:

José Martí - Los mártires de Chicago (La Nación, 1888)

“…salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro… Firmeza en el rostro de Fischer, Plegaria es el rostro de Spies; el de Fischer, firmeza, el de Parsons, orgullo radioso; a Engel, que hace reír con un chiste a su corchete, se le ha hundido la cabeza en la espalda. Les atan las piernas, al uno tras el otro, con una correa. A Spies el primero, a Fischer, a Engel, a Parsons, les echan sobre la cabeza, como el apagavelas sobre las bujías, las cuatro caperuzas. Y resuena la voz de Spies, mientras están cubriendo las cabezas de sus compañeros, con un acento que a los que lo oyen la entra en las carnes: "'La voz que vais a sofocar será más poderosa en lo futuro, que cuantas palabras pudiera yo decir ahora." Fischer dice, mientras atiende el corchete a Engel: "¡Este es el momento más feliz de mi vida!" "¡Hurra por la anarquía!" dice Engel, que había eatado moviendo bajo el sudario hacia el alcaide las manos amarradas.
"¡Hombre y mujeres de mi querida América..." empieza a decir Parsons. Una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen a la vez en el aire, dando vueltas y chocando. Parsons ha muerto al caer, gira de prisa, y cesa: Fischer se balancea, retiembla, quiere zafar del nudo el cuello entero, estira y encoge las piernas, muere: Engel se mece en su sayón flotante, le sube y baja el pecho como la marejada, y se ahoga: Spies, en danza espantable, cuelga girando como un saco de muecas, se encorva, se alza de lado, se da en la frente con las rodillas, sube una pierna, extiende las dos, sacude los brazos, tamborinea: y al fin expira, rota la nuca hacia adelante, saludando con la cabeza a los espectadores.

Y dos días después, dos días de escenas terribles en las casas, de desfile constante de amigos llorosos; ante los cadáveres amoratados, de señales de duelo colgadas en puertas miles bajo una flor de seda roja, de muchedumbres reunidas con respeto para poner a los pies de los ataúdes rosas y guirnaldas, Chicago asombrado vio pasar tras las músicas fúnebres, a que precedía un soldado loco agitando como desafío un pabellón americano, el ataúd de Spies, oculto bajo las coronas; el de Parsons, negro, con catorce artesanos atrás que cargaban prsentes simbólicos de flores; el de Fischer, ornado con guirnalda colosal de lirio y clavellinas; los de Engel y Lingg, envueltos en banderas rojas, -y los carruajes de las viudas, recatadas hasta los pies por velos de luto, -y sociedades, gremios, vereins, orfeones, diputaciones, trescientas mujeres en masa, con crespón al brazo, seis mil obreros tristes y descubiertos que llevaban al pecho la rosa encarnada.”

Marguerite Duras - Las flores del argelino (France-Observateur, 1957)

Es domingo por la mañana, las diez, en el cruce de las calles Jacob y Bonaparte, en el barrio de Saint-Germain-des-Prés, hace diez días. Un joven que viene del mercado de Buci avanza hacia este cruce. Tiene veinte años, viste miserablemente, y empuja una carretilla llena de flores: es un joven argelino, que vende flores a escondidas, como vive. Avanza hacia el cruce Jacob-Bonaparte, menos vigilado que el mercado, y se detiene allí, aunque bastante inquieto.Tiene razón. No hace aún diez minutos que está allí –no ha tenido tiempo de vender ni un solo ramo- cuando dos señores “de civil” se le acercan. Vienen de la calle Bonaparte. Van a la caza. Nariz al viento, husmeando el aire de este hermoso domingo soleado, prometedor de irregularidades, como otras especies, el perdigón, van directo hacia la presa.
¿Papeles?
No tiene papeles de autorización para entregarse al comercio de flores.
Así, pues, uno de los dos señores se acerca a la carretilla, desliza debajo su puño cerrado y –eh!, ¡qué fuerte es!- de un solo puñetazo vuelca todo el contenido. El cruce se inunda de las primeras flores de la primavera (argelina).
Ni Eisenstein, ni nadie, están ahí, para captar la imagen de las flores por el suelo que mira el joven argelino de veinte años, escoltado a uno y otro lado por los representantes del orden francés. Los primeros coches que transitan por allí, y esto no puede impedirse, evitan destrozar las flores, esquivándolas instintivamente mediante un rodeo.
Nadie en la calle, excepto, sí, una mujer, una sola:
-¡Bravo!, señores –exclama-. Ven ustedes, si se hiciera eso cada vez, nos libraríamos pronto de esta chusma. ¡Bravo!
Pero viene del mercado otra mujer, que iba tras ella, Mira, tanto las flores como al joven criminal que las vendía, y a la mujer jubilada, ya a los dos señores. Y sin decir palabra, se inclina, recoge unas flores, se acerca al joven argelino, y le paga. Después de ella, llega otra mujer, recoge y paga. Después de ésta, llegan otras cuatro mujeres, se inclinan, recogen y pagan. Quince mujeres. Siempre es silencio. Aquellos señores patalean. Pero ¿qué hacer? Esas flores están en venta y no se puede impedir que se quiera comprarlas.
Apenas han pasado diez minutos. No queda ni una sola flor por el suelo.
Después de esto, los citados señores pudieron llevarse al joven argelino al puesto de policía. 

Rodolfo Walsh – Operación Masacre, “La Matanza” (1957)




...Ha llegado el momento. Lo señala un diálogo breve, impresionante. –¿Qué nos van a hacer? –pregunta uno. –¡Camine para adelante! –le responden. –¡Nosotros somos inocentes! –gritan varios. –No tengan miedo –les contestan–. No les vamos a hacer nada. ¡NO LES VAMOS A HACER NADA! Los vigilantes los arrean hacia el basural como a un rebaño aterrorizado. La camioneta se detiene, alumbrándolos con los faros. Los prisioneros parecen flotar en un lago vivísimo de luz. Rodríguez Moreno baja, pistola en mano. A partir de ese instante el relato se fragmenta, estalla en doce o trece nódulos de pánico. –Disparemos, Carranza –dice Gavino–. Yo creo que nos matan. Carranza sabe que es cierto. Pero una remotísima esperanza de estar equivocado lo mantiene caminando. –Quedémonos... –murmura–. Si disparamos, tiran seguro. Giunta camina a los tumbos, mirando hacia atrás, un brazo a la altura de la frente para protegerse del destello que lo encandila. Livraga se va abriendo hacia la izquierda, sigilosamente. Paso a paso. Viste de negro. De pronto, lo que parece un milagro: los reflectores dejan de molestarlo. Ha salido del campo luminoso. Está solo y casi invisible en la obscuridad. Diez metros más adelante se adivina una zanja. Si puede llegar... La tricota de Brión brilla, casi incandescente de blanca. En el carro de asalto Troxler está sentado con las manos apoyadas en las rodillas y el cuerpo echado hacia adelante. Mira de soslayo a los dos vigilantes que custodian la puerta más cercana. Va a saltar... Frente a él Benavídez tiene en vista la otra puerta. Carlitos, azorado, sólo atina a musitar: –Pero, cómo... ¿Así nos matan? Abajo Vicente Rodríguez camina pesadamente por el terreno accidentado y desconocido. Livraga está a cinco metros de la zanja. Don Horacio, que fue el primero en bajar, también ha logrado abrirse un poco en la dirección opuesta. 48 –¡Alto! –ordena una voz. Algunos se paran. Otros avanzan todavía unos pasos. Los vigilantes, en cambio, empiezan a retroceder, tomando distancia, y llevan la mano al cerrojo de los máuseres. Livraga no mira hacia atrás, pero oye el golpe de la manivela. Ya no hay tiempo para llegar a la zanja. Va a tirarse al suelo. –¡De frente y codo con codo! –grita Rodríguez Moreno. Carranza se da vuelta, con el rostro desencajado. Se pone de rodillas frente al pelotón. –Por mis hijos... –solloza–. Por mis hi... Un vómito violento le corta la súplica. En el camión Troxler ha tendido la flecha de su cuerpo. Casi toca las rodillas con la mandíbula. –¡Ahora! –aulla y salta hacia los dos vigilantes. Con una mano aferra cada fusil. Y ahora son ellos los que temen, los que imploran: –¡Las armas no, señor! ¡Las armas no! Benavídez ya está de pie y toma de la mano a Lizaso. –¡Vamos, Carlitos! Troxler les junta las cabezas a los vigilantes y tira uno a cada lado, como muñecos. Da un salto y se pierde en la noche. El anónimo suboficial (¿o es un fantasma?) tarda en reaccionar. Se incorpora a medias. Desde la punta del coche un tercer vigilante lo está cubriendo con el fusil. Se oye el tiro. El suboficial hace ¡Aaaah!, y vuelve a sentarse, como estaba. Pero muerto. Benavídez salta. Siente los dedos de Carlitos que se deslizan entre los suyos. Con desesperada impotencia comprende que el chico se le queda, sepultado bajo los tres cuerpos que se le echan encima. Abajo, los policías oyen el tiro a retaguardia y por una fracción de segundo titubean. Algunos se dan vuelta. Giunta no espera más. ¡Corre! Gavino hace lo mismo. El rebaño empieza a desgranarse. –¡Tírenles! –vocifera Rodríguez Moreno. Livraga se arroja de cabeza al suelo. Más allá, Di Chiano también se zambulle. La descarga atruena la noche. Giunta siente una bala junto al oído. Detrás oye un impacto, un gemido sordo y el golpe de un cuerpo que cae. Probablemente es Garibotti. Con prodigioso instinto, Giunta hace cuerpo a tierra y se queda inmóvil. A Carranza, que sigue de rodillas, le apoyan el fusil en la nuca y disparan. Más tarde le acribillan todo el cuerpo. Brión tiene pocas posibilidades de huir con esa tricota blanca que brilla en la noche. Ni siquiera sabemos si lo intenta. Vicente Rodríguez ha hecho cuerpo a tierra una vez. Ahora oye los vigilantes que se acercan corriendo. Trata de levantarse, pero no puede. Se ha cansado en los primeros treinta metros de fuga y no es fácil mover el centenar de kilos que pesa. Cuando al fin se incorpora, es tarde. La segunda descarga lo voltea. Horacio di Chiano dio dos vueltas sobre sí mismo y se quedó inmóvil, como si estuviera muerto. Oye silbar sobre su cabeza los proyectiles destinados a Rodríguez. Uno pica muy 49 cerca de su rostro y lo cubre de tierra. Otro le perfora el pantalón sin herirlo. Giunta permanece unos treinta segundos pegado al suelo, invisible. De pronto salta como una liebre, zigzagueando. Cuando presiente la descarga, vuelve a tirarse. Casi al mismo tiempo oye otra vez el alucinante zumbido de las balas. Pero ya está lejos. Ya está a salvo. Cuando repita su maniobra, ni siquiera lo verán. Díaz escapa. No sabemos cómo, pero escapa.* Gavino corre doscientos o trescientos metros antes de pararse. En ese momento oye otra serie de detonaciones y un alarido aterrador, que perfora la noche y parece prolongarse hasta el infinito. –Dios me perdone, Lizaso –dirá más tarde, llorando, a un hermano de Carlitos–. Pero creo que era su hermano. Creo que él vio todo y fue el último en morir. Sobre los cuerpos tendidos en el basural, a la luz de los faros donde hierve el humo acre de la pólvora, flotan algunos gemidos. Un nuevo crepitar de balazos parece concluir con ellos. Pero de pronto Livraga, que sigue inmóvil e inadvertido en el lugar en que cayó, escucha la voz desgarradora de su amigo Rodríguez, que dice: –¡Mátenme! ¡No me dejen así! ¡Mátenme! Y ahora sí, tienen piedad de él y lo ultiman.

Nuevo Periodismo: el constante cruce entre la realidad y la ficción

Introducción

Rodolfo Walsh
En los años sesenta surge en Estados Unidos el Nuevo Periodismo, también denominado género de no ficción; considerado como una nueva tendencia en la forma de hacer periodismo que proponía traspasar los límites del modelo objetivo de la prensa tradicional. Su surgimiento vino a poner en tela de juicio el ideal de transparencia y objetividad que prevalecía en la forma clásica de ejercer la profesión, donde la ética periodística estaba más bien vinculada a la neutralidad de los mensajes, herederos de la concepción funcionalista de la comunicación como mera transmisión de información.
En estos años, los medios de comunicación se vieron superados por su entorno social, en tanto se tornaron incapaces de transmitir con profundidad, conciencia y frescura acontecimientos tan desconcertantes como los as
esinatos de John y Robert Kennedy, los paseos espaciales, la guerra de Vietnam, los disturbios raciales, la cultura underground o las nuevas voces de la juventud norteamericana. Por su parte, esta nueva tendencia no sólo pretendía recuperar los viejos
Truman Capote
preceptos del periodismo: investigación, denuncia, pluralidad de voces compromiso ético, sino que vio en su contexto social nuevas temáticas para abordar, donde los mismos acontecimientos parecían extraídos de una obra “literaria”El periodismo tradicional debía ser un registro riguroso de la “realidad objetiva”, en cambio, en el Nuevo Periodismo “realidad” y “ficción” se transforman, y los límites se hacen difusos. De este modo, nace la novela de no ficción, de la mano de Truman Capote, en Estados Unidos, y de Rodolfo Walsh en Argentina. Sus obras tienen propósitos disímiles, sin embargo, ambos autores se sirven de los recursos literarios para narrar sucesos reales, basándose en investigaciones periodísticas serias y elaboradas.

Nuevo Periodismo: formas y estilos

Uno de los principales rasgos que distingue al Nuevo Periodismo es la importancia que se le otorga a la forma de transmitir la noticia. Con el objetivo de captar la atención del lector, se trata de involucrarlo en la recreación del acontecimiento. Se reivindica a la subjetividad como vía para llegar a la verdad de los hechos, partiendo de la premisa de que no hay una sola realidad, sino tantas realidades como testigos. Los relatos de no ficción tienen la particularidad de basarse en materiales e investigaciones periodísticas. De esta manera, se narran sucesos reales, aplicando técnicas de la ficción, dando lugar a un juego ambiguo de lecturas: los relatos de no ficción pueden leerse como textos periodísticos y como literarios. 

Los principales exponentes

Los narradores norteamericanos Capote y Wolfe son señalados como los iniciadores del género novela de no-ficción. Sin embargoocho años antes de que Capote escribiera “A sangre fría” (1965), Rodolfo Walsh había publicado “Operación Masacre” (1957)Fue Walsh quien pensó en un cambio radical de las formas, en un nuevo modo de producir, construir y leer la literatura.
“Operación Masacre” es el resultado de una ardua investigación periodística que Rodolfo Walsh realizó junto a Enriqueta Muñiz. La obra apareció en Buenos Aires en 1957 y es un claro ejemplo de novela de no-ficción.


Fuente: http://www.fcpolit.unr.edu.ar/redaccion1-liberatore/2013/10/17/la-no-ficcion-en-el-limite-entre-periodismo-y-literatura/

viernes, 15 de abril de 2016

Relato de ficción

Estructura básica del relato de ficción


1.       Personaje/s: Es un ser complejo. Describirlo en su complejidad, con sus situaciones y sensaciones. El personaje es quien dinamiza el relato a través de sus acciones. Siempre está sumido en una situación, física, que remite a sensaciones, psíquicas. El escritor debe realizar un proceso de empatía con los personajes que desea componer. Debe ponerse en lugar de cada uno de ellos. Es la eficacia de este proceso lo que hace que una obra sea ó no exitosa.
2.       Acción: Movimiento interno y externo de los personajes y/o de la obra.
3.       Conflicto: Punto de rotura del equilibrio. Coloca al personaje en una situación de reflexión, amerita una acción, una respuesta y tiende a propulsar su autoconocimiento.
4.       Intriga, “suspense” o progresión dramática: Es una curva progresiva siempre en ascenso. La intriga se alimenta. Siempre debe resultar atractiva para el lector, ya que él se alimenta de ella.
5.   El concepto de climax. Punto de máxima tensión en una obra. Luego de éste, se resuelve el conflicto. Desenlace.




Diferencia entre veracidad y verosimilitud. Lo veraz condice con la verdad, tiene su correspondencia. A diferencia, la verosimilitud habla de la credibilidad de lo que se cuenta  en un género determinado y puede ser verdadero ó no. Cuando uno escribe debe ser lo más verosimilid posible. Si rompemos con la versimilitud el lector se confundirá y romperá el proceso de identificación que éste tiene con la obra. La magia se pierde.








La metamorfosis - Franz Kafka

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.

«¿Qué me ha ocurrido?», pensó.

Las sutilezas del lenguaje

Alguna vez te pusiste a pensar si la escritura es igual que la oralidad. ¿Cómo creés que se establecen los puntos de puntación? ¿Hay alguna correspondencia entre la oralidad y la escritura, o realmente no hay ninguna? ¿Se escribe cómo se habla?

Nos estábamos preguntando por la oralidad, pero: ¿qué es la oralidad? Básicamente la oralidad es el lenguaje dicho, expresado mediante la voz. La oralidad tiene que ver con procesos de ondas, cuando hablamos producimos sonidos que se traducen en el lenguaje, el cual tiene un código compartido pero no siempre correspondido. Al hablar, nuestras cuerdas vocales producen un sonido, cuyas inflexiones dependen de cada una de las lenguas. ¿Pensaste alguna vez en ello? Fijate cuando vayas al supermercado chino a comprar algo. Escuchá los sonidos de su lenguaje, establecé las diferencias. Es un ejercicio divertido y clarificador a la vez.

Decíamos que la oralidad no tiene puntuación, al menos no gráfica. Cuando uno habla no se van dibujando los signos en el aire y, sin embargo, nos entendemos. En el lenguaje escrito la existencia de la puntuación es esencial: de otro modo no nos entenderíamos. Pero en la oralidad no existen estos puntos, sin embargo, como he dicho, nos entendemos. ¿Entonces cómo es posible? Si te pusiste a analizar notarás que cuando uno habla imparte silencios, pausas, tonos diferenciados; es decir, uno habla como componiendo música. El hablar es muy similar a desarrollar música. Y, por ende, en la oralidad hablamos de un ritmo. El ritmo es esencial y es propio en cada lengua. No son los mismos los tonos y los ritmos en la lengua castellana que en la lengua japonesa. Cada una expresa sus diferencias. Ese es el primer punto. O sea que podremos decir que existen y no existen las puntuaciones, al menos no similares al lenguaje escrito. Ya que en este último opera el campo visual; la vista. Cuando uno escribe está llenando espacios. Las palabras ocupan un espacio que, en principio, siempre está en blanco. Y al hacerlo se escribe mediante normas, principios.

En fin, y para ir cerrando este extracto. Diremos que la lengua escrita no es lo mismo que el lenguaje oral, pero tiene sus correspondencias. Ahora que sabés de la existencia del ritmo y las puntuaciones, vamos a pactar lo siguiente.
Comenzamos nuestro cuadernillo señalando una diferencia entre la Lengua y la Literatura que metafóricamente expresábamos en los dos hemisferios del cerebro. Lo que quiero que quede bien es claro es, en un principio, debemos ser bien normativos, aprender los usos y reglas del lenguaje para luego tener la habilidad de romperlas. Quien aprende la lengua adquiere poder y la capacidad de romper sus reglas. De esta forma vamos a dejarles un extracto de un escritor portugués famosísimo: José Saramago, quien es muy polémico dado que en sus novelas suele romper las reglas ortográficas que conocemos. Está en contra de la convención, pero no lo manifiesta sólo desde su rebeldía, sino más bien desde una importantísima e interesante teoría:

Por qué sin signos de puntuación – José Saramago



La verdad es que quien se enfrenta con un libro mío, en especial con las novelas, se encuentra en una situación un poco complicada porque yo eliminé toda puntuación. Incluso cuando aparece un punto o una coma, no son señales de puntuación sino son señales de pausa al igual que en la música. Pienso, por lo menos yo lo tengo claro (aunque tampoco quiero que todo el mundo piense igual), pienso que nosotros hablamos como si estuviéramos haciendo música porque la música y la palabra, el hecho de hablar, se hace con sonidos y con pausas. La música más espiritual o la música de peor calidad tiene pausas y sonidos. Cuando yo elimino, prácticamente, toda la puntuación busco que el lector no lea pasivamente sino que construya el texto, gracias a esa voz que debe estar escuchando. Yo propongo al lector un texto incompleto. Aunque todas las palabras que yo quiero se encuentran allí, el texto está incompleto porque le falta esa convención que son los signos de puntuación. El lector cuando lee, debe saber qué está leyendo para recibir todo lo que hay en el texto. Aunque, a primera vista parezca oculto, está allí, si él puede escuchar la voz que habla dentro de su cabeza. El escritor igual que el pintor o el músico, va borrando los rastros que dejó; razón por la que el lector tendrá que abrir una ruta, una huella que jamás coincidirá con la del escritor. Serán otras dudas, otras pausas, otras hipótesis. 

sábado, 9 de abril de 2016

Canciones para escribir

Les dejo algunas sugerencias para el ejercicio de escritura con canciones. Pueden usar las suyas si les interesa.
Saludos.




https://www.youtube.com/watch?v=D-mv-v4qs2E&nohtml5=False

https://www.youtube.com/watch?v=u2bigf337aU

https://www.youtube.com/watch?v=v2AC41dglnM&ebc=ANyPxKqztfM9xAgX4aZIHKebEVUzQQZEYE9Kt3Upf4uBtql7bL19utVatxD7Z-T63KILpbC4pUAsyJ3nM2aDocdfBvs9RLNfXA&nohtml5=False

https://www.youtube.com/watch?v=4Tr0otuiQuU&nohtml5=False

martes, 8 de septiembre de 2015

Signos de Puntuación I (Introducción y el punto)

¡Buenas noches! Dedicaremos un espacio importante en el blog a las pautas de escritura. En este caso, hacemos estrega del módulo de Signos de Puntuación que extraje del sitio: http://reglas-escritura.blogspot.com.ar/. Las entregas van a ser periódicas y sobre temas tratados en clase. Las que se publican son de uso obligatorio, puesto que lo hemos visto en clase. De todas formas, aquellos que quieran ampliar sus universos no tienen más que clickear en el link anterior y chusmear a discreción. Espero que les resulte ameno. Espero sus comentarios. 

En esta entrada, así como las siguientes, dedicadas al resto de signos de puntuación, se describirán muy brevemente y de forma condensada y esquemática los usos de los signos de puntuación.


Se trata de una pautas muy simples y básicas, dirigidas a dudas iniciales y fijar el concepto. Que nadie espera un alto nivel, pues existen incluso libros enteramente dedicados a la puntuación.

Antes de comenzar, dado que es una característica común, destacar que punto y final, punto y aparte, punto y seguido, coma, punto y coma, dos puntos, puntos suspensivos, cierre de exclamación y cierre de interrogación van a continuación de la última letra de la palabra anterior, sin espacios. Del mismo modo, en los que la línea continúa, se deja un espacio entre el signo de puntuación y la siguiente palabra.

Después de esta coma, hay un espacio. La coma va pegada a la última letra de la palabra, como en esta frase.

O Así no se escribe ,está mal colocada.


Punto y final “.”


Indica que el apartado, capítulo o la propia obra han terminado. No es necesario extenderse más ni ilustrar con ejemplos.


Punto y aparte “.”


El uso de los signos de puntuación no es estricto y se presta a variaciones según el estilo, el contexto o el tipo de obra o documento.  El caso del punto y aparte es una buena muestra de ello, pues, aunque se pueda definir su uso, suele estar sujeto a la interpretación o intención de quien está escribiendo.

Se usa el punto y aparte para indicar el final de un párrafo, terminando también la línea en la que estamos escribiendo.

Normalmente, se considerará el final del párrafo cuando vaya a cambiar la idea que se está expresando, cuando el texto se divide en unidades lógicas de cualquier tipo, cuando termina una entrada de diálogo o cuando creemos que el párrafo es demasiado extenso y, aunque no se trate de un cambio drástico que requiera el punto y aparte, consideremos que puede aburrir al lector o hacerle perder el interés por lo escrito (¿quién no ha dejado de leer una interminable entrada de un foro o un denso correo electrónico porque eran un solo párrafo de decenas de líneas, sin ningún punto y aparte?).

Una excepción es el uso de listas, en el que está permitido no terminar cada entrada en punto, por ejemplo:

Lista de artículos:     
  •  Patatas
  •  Huevos
  • Leche
  •  Etc.
La primera palabra del siguiente párrafo, después del punto y aparte, comienza siempre en mayúscula.


Punto y seguido “.”


Dentro de un mismo párrafo, se usará el punto y seguido cuando, sin cambiar la idea central o lo que se quiere expresar, cambiamos de enunciados. En este caso, también se dispone de cierta flexibilidad para adaptarlo a nuestro gusto, estilo o tipo de escrito.

Después del punto y seguido, la siguiente palabra comienza en mayúsculas.

Una excepción es la del uso de abreviaturas, en las que el punto se usa como parte de la palabra en sí, no teniendo que comenzar por mayúscula la siguiente palabra e incluso pudiendo llevar a continuación el signo de puntuación que corresponda:

Trajo lápices, folios, sacapuntas, etc., pero olvidó la carpeta.

Se busca experto en admon. de empresas. Razón calle Velázquez, 5 escalera izda., piso 2º C.