¡Enhorabuena! Tenés en tus manos
el cuadernillo de apuntes de Lengua y Literatura. Básicamente se trata de un material de
estudio para que puedas ordenar, los contenidos sucesivos que fuimos viendo en
clase a fin de aunar criterios e ir construyendo bases sólidas sobre las que
vamos a ir edificando el castillo del conocimiento.
Si te acordás, arrancamos esta
materia con una metáfora. Dijimos que teníamos la existencia de una materia que
se compone de dos palabras: “Lengua” y “Literatura”. Dijimos, también, que
podíamos establecer un juego, por una parte, pensar a modo de encapsulado a la
“lengua” y, por el otro, a la “literatura”. Pensar en una y en otra implicaba
someterse a una trama de sentidos diferenciados. ¿Te acordás?
Si no recordás, te lo recuerdo. Habíamos
trazado una analogía entre la disposición de dos palabras (lengua y literatura)
y la división interna de un cerebro humano. Habíamos mencionado que el cerebro
del ser humano se compone de dos hemisferios: izquierdo y derecho,
respectivamente. El hemisferio izquierdo es el encargado de las estructuras
analíticas de tu mente, es el que categoriza y estructura el lenguaje.
Parafraseando la imagen, podemos leer lo siguiente:
“Soy el lado izquierdo del cerebro. Soy científico, matemático.
Amo lo familiar. Categorizo, analizo y soy estratégico.
Soy práctico. Siempre estoy en control.
Un maestro de las palabras y del lenguaje. Realista.
Sí, realmente sé quien soy.”
Para esa parte del cerebro habíamos
establecido la correspondencia en la Lengua. ¿Por qué la lengua? Porque
nosotros vamos a estudiar mediante el primer eje, Lengua, todo lo relativo a la estructuración del lenguaje. Todo lo
referente a su parte normativa, a su esquema sintáctico, semántico y
pragmático. Todo lo que es reglado mediante normas que debemos aprender bien a
raja tabla. Dado que de otra forma no nos entenderíamos.
En cambio, del otro lado, tenemos el
hemisferio derecho del cerebro. Seguramente la imagen que tengas en tus manos
está en escala de grises, así que no notarás grandes diferencias de color entre
las figuras. Pero la imagen original es bien vivaz. En oposición a un lado
sombrío, en escala de grises, se opone una imagen con colores muy fuertes y
llamativos. Asimismo, los trazos son más artísticos, porque esta parte del
cerebro lo amerita, a modo de parafraseo, decimos:
“Soy el lado derecho del cerebro. Soy creativo. Un espíritu libre.
Soy apasionado y sensual. Estoy en movimiento, lleno de colores
vivos.
Soy imaginativo, artístico, poeta.
Siento…
Estoy siempre queriendo ser…”
Con este lado del cerebro establecíamos
correspondencia con la literatura. Es
decir, con el segundo eje de la materia. ¿Y por qué lo hacíamos? Dijimos que
establecíamos esta relación porque en la literatura aprendemos a romper reglas.
O sea, aprendemos, en primera instancia, a aprender y a aprehender. Sus reglas,
sus usos y las verdaderas virtudes del hablar bien el castellano; para luego,
desplegar toda nuestra capacidad lúdica cuando se nos interpele a jugar. ¿Por
qué? Porque en la literatura se nos llama a romper lo establecido. Se nos llama
a que rompamos aquello que con tanto esfuerzo hemos aprendido. Se nos llama a
variar las inflexiones, a recorrer los vericuetos del lenguaje en una búsqueda
voraz que tiene su ápice en la creatividad.
Se nos llama a ser artísticos, creativos. Pero ojo, hay una salvedad en
este juego constante de ida y vuelta: Aprender para “romper”. Estructurar para
desestructurar. Construir para deconstruir. Y la cuestión es que debemos saber perfectamente las reglas si es
que queremos romperlas. Habíamos usado el ejemplo del conductor que debe
aprender a la perfección a manejar si quiere pasar un semáforo en rojo sin
atropellar a nadie y sin que lo multen. Quien rompe reglas, es porque ha sabido
usarlas con excelencia. Ese es el primer desafío de la materia: aprender a
lograr el dinamismo que nos haga ir de un lado al otro. ¿Estás dispuesto/a?
¿Seguro/a?
Si es que lo estás, para ello (ante todo),
debés saber que hay que ser osados.
Necesitamos ser osados en la práctica de aprendizaje. Para aprender hay que
jugárselas y jugárnosla significa que debemos exponernos. Exponernos ante el
error, ante la eventual crítica; exponernos, ante todo, a la mirada del otro.
Porque es ésta, con su juicio callado y furtivo, la que nos aprueba y
desaprueba en cada momento. Suelo decir
que en esta materia, mientras estemos del lado izquierdo, incurriremos en el
juicio sobre el error. Marcaremos defectos, imperfecciones; pues todo en el
sistema lingüístico tiende a ser perfecto.
Y como todo sistema, pretende que sus variables cierren, que se concatenen,
que confluyan en una coherencia y, por ende, debemos respetarla. No obstante,
he dicho que mientras estemos jugando en el nivel derecho todo es permitido.
Todo lo que implique un juego con el lenguaje. Así que hableremos como no
solemos hacerlo. Diremos cosas que quizás nunca antes hayamos dicho. Usaremos
palabras poco usuales y jugaremos con el
sentido. Puesto que, de esta forma, presentaremos finalmente al primer eje de
la materia y lo que compone el mágico mundo del binomio de la Lengua y la Literatura.

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